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Año XXXVIII | Edición 407 - Agosto 2006 | Argentina
  TECNICAS DE FLY CAST  
  Temperatura del agua  
Por qué se debe atender este factor en cualquier ámbito. Cómo beneficia al pescador y su influencia en la época de desove en cada variedad de trucha.
Por Diego Guglielmi (*)
     

La pesca es una actividad recreativa que, como otras tantas, está íntimamente ligada a las condiciones climáticas. Y ésta es una verdad insoslayable, a la que normalmente los pescadores no suelen prestarle mayor atención. La presión atmosférica, el viento y la temperatura del agua son, junto a la tabla solunar, cuestiones fundamentales a tener en cuenta a la hora de programar una salida con buenas posibilidades de éxito.

PURO ENTUSIASMO. Y de todos estos factores la temperatura del agua es el máximo referente cuando hablamos de la pesca de truchas. Es común ver a muchos entusiastas pescadores intentando la captura de estos peces en condiciones nada favorables, con el agua varios grados por debajo o por encima de lo indicado, y si a esto le sumamos que no es habitual que lleven un termómetro consigo para medir la temperatura del medio, nos daremos cuenta de que no siempre se tiene el conocimiento de los detalles que ayudan a obtener resultados satisfactorios.

EL REGISTRO IDEAL. Como la temperatura del agua varía a lo largo de la jornada, según se trate de las primeras horas de la mañana, el mediodía y el atardecer, las chances de que un ámbito pase de pobre a rendidor, o viceversa, son bastante grandes. Y las truchas, peces de agua fría, desarrollan su ciclo de vida en función de estos cambios, mostrándose más o menos activas cuando el termómetro marca entre 10 y 16°, o directamente ausentes cuando lo hace por debajo o por encima de estos registros.
Esto no quiere decir que las tres variedades de truchas comunes en nuestro lagos, ríos y arroyos se muevan al mismo tiempo.

EPOCAS DE DESOVE. Y el desove es el ejemplo más claro de la preferencia que cada una tiene no sólo por el ámbito, sino también por la época del año en que lo hacen. La primera en desovar es la fontinalis: a fines de febrero se la suele ver en las bocas de los cursos a la espera de pasar a los espejos –donde luego busca la profundidad– con el aumento del caudal aportado por las lluvias de fines de verano y comienzos del otoño, para desovar entre marzo y mayo aprovechando el marcado descenso de la temperatura. La segunda especie en desovar es la marrón, también sensible como la anterior a temperaturas más altas. Lo hace entre mayo y junio, con los fríos más intensos, ubicándose en pozones de ríos y arroyos, donde el agua corra lenta aunque oxigenada. Finalmente, lo hace la arco iris, la más adaptable a los descensos y aumentos de temperaturas, entre julio y noviembre, aprovechando el incremento del caudal en ríos y arroyos debido al deshielo de la primavera.

Excepciones. El ciclo no siempre se repite a rajatabla: por ejemplo, este año la marrón entró a los ríos a fines de la temporada (abril/mayo), una vez que los días se sucedieron nublados y hubo un marcado descenso de la temperatura ambiente y del agua en particular, que hasta entonces no era la indicada para su desove.
n ventajas del frio. Una salida de pesca insume grandes esfuerzos al aficionado, tanto económico como de tiempo. Es por esta razón que un viaje no debe planearse a la ligera: informarse de las condiciones de temperatura del agua en el ámbito que uno decida visitar es fundamental para tener posibilidades de éxito. Tengamos en cuenta que si el registro térmico es el adecuado, habrá buena eclosión de insectos y con ello las truchas estarán más activas en busca de alimento, pero además serán más combativas al momento del pique, lo que le da un condimento extra a la pesca, sobre todo si se emplean equipos livianos. Y si se tiene la suerte de lograr buenas capturas, la recomendación es la de tomar nota de la temperatura con un termómetro para comprobar la verdad de esta regla natural.
* Especialista en pesca con mosca.

     
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