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Temperatura del agua |
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Por qué se debe atender este factor en cualquier ámbito. Cómo beneficia al pescador y su influencia en la época de desove en cada variedad de trucha.
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| Por Diego Guglielmi (*) |
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La
pesca es una actividad recreativa que, como otras tantas, está
íntimamente ligada a las condiciones climáticas. Y
ésta es una verdad insoslayable, a la que normalmente los
pescadores no suelen prestarle mayor atención. La presión
atmosférica, el viento y la temperatura del agua son, junto
a la tabla solunar, cuestiones fundamentales a tener en cuenta a
la hora de programar una salida con buenas posibilidades de éxito.
PURO ENTUSIASMO. Y de todos estos factores la
temperatura del agua es el máximo referente cuando hablamos
de la pesca de truchas. Es común ver a muchos entusiastas
pescadores intentando la captura de estos peces en condiciones nada
favorables, con el agua varios grados por debajo o por encima de
lo indicado, y si a esto le sumamos que no es habitual que lleven
un termómetro consigo para medir la temperatura del medio,
nos daremos cuenta de que no siempre se tiene el conocimiento de
los detalles que ayudan a obtener resultados satisfactorios.
EL REGISTRO IDEAL. Como la temperatura del agua
varía a lo largo de la jornada, según se trate de
las primeras horas de la mañana, el mediodía y el
atardecer, las chances de que un ámbito pase de pobre a rendidor,
o viceversa, son bastante grandes. Y las truchas, peces de agua
fría, desarrollan su ciclo de vida en función de estos
cambios, mostrándose más o menos activas cuando el
termómetro marca entre 10 y 16°, o directamente ausentes
cuando lo hace por debajo o por encima de estos registros.
Esto no quiere decir que las tres variedades de truchas comunes
en nuestro lagos, ríos y arroyos se muevan al mismo tiempo.
EPOCAS DE DESOVE. Y el desove es el ejemplo más
claro de la preferencia que cada una tiene no sólo por el
ámbito, sino también por la época del año
en que lo hacen. La primera en desovar es la fontinalis: a fines
de febrero se la suele ver en las bocas de los cursos a la espera
de pasar a los espejos –donde luego busca la profundidad–
con el aumento del caudal aportado por las lluvias de fines de verano
y comienzos del otoño, para desovar entre marzo y mayo aprovechando
el marcado descenso de la temperatura. La segunda especie en desovar
es la marrón, también sensible como la anterior a
temperaturas más altas. Lo hace entre mayo y junio, con los
fríos más intensos, ubicándose en pozones de
ríos y arroyos, donde el agua corra lenta aunque oxigenada.
Finalmente, lo hace la arco iris, la más adaptable a los
descensos y aumentos de temperaturas, entre julio y noviembre, aprovechando
el incremento del caudal en ríos y arroyos debido al deshielo
de la primavera.
Excepciones. El ciclo no siempre se repite a rajatabla:
por ejemplo, este año la marrón entró a los
ríos a fines de la temporada (abril/mayo), una vez que los
días se sucedieron nublados y hubo un marcado descenso de
la temperatura ambiente y del agua en particular, que hasta entonces
no era la indicada para su desove.
n ventajas del frio. Una salida de pesca insume grandes esfuerzos
al aficionado, tanto económico como de tiempo. Es por esta
razón que un viaje no debe planearse a la ligera: informarse
de las condiciones de temperatura del agua en el ámbito que
uno decida visitar es fundamental para tener posibilidades de éxito.
Tengamos en cuenta que si el registro térmico es el adecuado,
habrá buena eclosión de insectos y con ello las truchas
estarán más activas en busca de alimento, pero además
serán más combativas al momento del pique, lo que
le da un condimento extra a la pesca, sobre todo si se emplean equipos
livianos. Y si se tiene la suerte de lograr buenas capturas, la
recomendación es la de tomar nota de la temperatura con un
termómetro para comprobar la verdad de esta regla natural.
* Especialista en pesca con mosca. |