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Año XXXVIII | Edición 407 - Agosto 2006 | Argentina
     
  TECNICAS DE CAZA MAYOR  
Apostadero artesanal  
Tres simples recursos permitirán durante el acecho contar con un práctico apoyo estable y con un apostadero liviano, de fácil transporte.
Por Luis Festa*
     

Los errores que los cazadores cometemos tras largas horas apostados aguardando la aparición de jabalíes nos obligan a agudizar la imaginación para, en el futuro, evitar repetirlos. En invierno, a las seis de la tarde es momento de comenzar la cacería, lo cual implica permanecer casi inmóvil durante ocho o nueve horas. Momento en que muchos de nosotros solemos crear pequeños inventos para lograr eficacia y perfeccionar la técnica.

EL APOYO. Si nos encontramos en un apostadero de los comunes en los campos pampeanos, no tendremos inconvenientes para apoyar el fusil en el borde inferior de la ventana, que de ser muy bajo podremos suplementar con un abrigo doblado. Si, en cambio, la abertura es demasiado grande o carece de marco, como suele ocurrir con las tarimas, cabinas y algunos otros artilugios, lo ideal es construir un apoyo sólido que asegure efectuar un disparo certero. Lo mismo ocurre cuando nos apostamos en el piso, al borde de un rastrojo o salitral. Es en estos momentos, entonces, cuando se activa la fértil imaginación del cazador para poner a prueba todo: estacas, palos cruzados, sogas atadas a las ramas de los árboles, bastones regulables... Todo sin lograr buenos resultados, hasta que aparece un idea superadora: el trípode de la máquina fotográfica. Fue así como encontré el apoyo perfecto: sólido e inmóvil, por repartir el peso en tres patas y ajustarse a cualquier altura o desnivel del piso. El paso siguiente fue construir una “U” abierta en chapa liviana, y soldarle en su base una tuerca del mismo paso que tiene el tornillo que posee el trípode para fijar la cámara. Con esta sencilla y económica base de apoyo he disparado a padrillos a más de 300 m... ¡Y he dado en el blanco!

LA COBERTURA. En invierno o verano, si tenemos que cazar en ámbitos sin construcciones donde guarecernos de la helada o el rocío, acudimos a toda suerte de precarios resguardos: ponchos de agua, sobretechos de carpas... La solución ideal la adquirí por pocos pesos: una sombrilla de playa de tela plástica a la que le dibujé un camuflaje con aerosoles de pintura verde y marrón, logrando un aceptable acabado. Luego la sujeté con hilo grueso al apoyabrazo derecho de un sillón director plegable, y regulé su altura hasta dejarla a unos 15 cm sobre mi cabeza. Los tres elementos: trípode, sombrilla y sillón tienen un bajo costo y nos permitirán permanecer cómodos y protegidos de las inclemencias del clima. Además, son livianos y fáciles de transportar.

INDUMENTARIA. Un error en la elección de la indumentaria, especialmente en invierno, puede significar el fracaso de la cacería en el mejor de los casos, y una enfermedad en el peor. En La Pampa las temperaturas invernales suelen descender a varios grados bajo cero, y si a ello unimos la necesidad de permanecer quietos, debemos extremar la atención que requiere nuestra vestimenta. Muchos acuden a la sencilla solución de introducirse en una bolsa de dormir, la cual he desestimado hace muchos años por el cambio brusco de temperatura corporal que significa salir de la confortable cobertura para regresar al alojamiento o para ir a rastrear un jabalí. La experiencia señala también que debemos prescindir de las prendas de algodón y utilizar conjuntos de camiseta y pantalón de fibras aislantes, como el polipropileno, que a su vez permiten la evaporación de la humedad corporal. Luego, un pullover de lana y, arriba, un buzo de polar. Por encima de todo, chaquetón y pantalón de loneta o gabardina, telas que producen poco ruido con el roce inevitable, y que se confeccionan con polar interior y fibras de material aislante como capa intermedia. Entonces sí la cacería será un lujo, y no el padecimiento que a veces pretenden hacernos creer.
* Especialista en caza mayor.

     
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