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Año XXXVIII | Edición 407 - Agosto 2006 | Argentina
  TURISMO  
  Noche salteña  
  Recorrido por las peñas, restaurantes, bares y hasta pubs irlandeses que se despliegan por diversos barrios de “La Linda”. La movida de la calle Balcarce.  
  Textos y fotos: Patricia Mogni  
     

La Linda”, como la llaman a Salta, despliega bajo las estrellas una animada noche repleta de posibilidades para turistas y lugareños. Luego del trabajo, o de recorrer los diversos circuitos turísticos que ofrece la provincia, nadie quiere perderse esa magia que envuelve la noche salteña.
El casco histórico se encuentra delimitado por las calles San Martín, 25 de Mayo, Necochea y Virrey Toledo y comprende unas 100 manzanas. Cerca de unos 40 edificios históricos fueron restaurados e iluminados para embellecer aún más a la ciudad. Si bien estas construcciones sorprenden de día, de noche son verdaderamente impactantes, como en el caso de la iglesia de San Francisco, la catedral, el cabildo o la legislatura.
En los alrededores de la plaza 9 de Julio, los bares y restaurantes despliegan sus mesitas y sombrillas más allá de la recova sobre el empedrado, que delimita la calle con luces en el piso. Allí el tránsito es restringido, para mayor disfrute de los peatones.
Los restaurantes y bares se extienden por la calle España y Caseros, en donde también hay un pub irlandés. En la calle Mitre, frente a la plaza, el restaurante, bar y after office, Cava de Piedra (una casona con paredes de piedra que data de 1870), ofrece una variada carta de especialidades de cocina andina, como carne de llama con quinoa, provoleta de queso de cabra, carpaccio de llama y trucha con crema de quinoa, entre otras. Combinado con espectáculos folclóricos, se lo puede escuchar a Julio César Quipildor (hijo del Zamba) y sus músicos, o noches de jazz o trova.
A las ya tradicionales peñas de Valderrama (con más de 50 años de antigüedad) y Gauchos de Güemes, entre otras, se ha sumado hace más de 10 años, La Casona del Molino. Algo alejada del centro, remontando la calle Caseros hacia el oeste, a la altura del 2500, para el lado del Mercado de Artesanos. Es una vieja casona de gruesas paredes de adobe, que fuera testigo de las luchas por la independencia y antigua posta y hospedaje de viajeros, donde fuera construido el molino de cereales en 1671. Hoy alberga a poetas y guitarreros que se suman en las trasnochadas veladas. Algo así como un criadero de poetas.
Esta casona con magia (y hasta con fantasmas, según cuentan los habitués), embruja a los que alguna vez pasaron por allí. El solar está dividido en varios cuartos, posee un gran patio, fondo y jardín (a veces está lleno por completo). Allí no hay escenario. La peña es espontánea. Algunos llegan con sus guitarras, bombos, quenas, charangos y hasta violín y bandoneón. Se acomodan en las mesas y van poblando la noche de música. Entre jugosas empanadas y vinitos generosos, las guitarreadas acompañan los encuentros. Y “cuando las horas se ponen largas y los horizontes rebeldes”, surgen las estrofas parafraseadas en alguna servilleta, improvisación de partitura. También la música invita al baile y se corren algunas mesas para dar espacio a la danza. Lo bueno es que nadie queda afuera, allí no importan las edades ni las nacionalidades.
Desde hace unos 6 años, en la calle Balcarce se fue nucleando la movida salteña. Comenzó con La Vieja Estación y el Café del Tiempo, y muy pronto se pobló de peñas, bares, pubs, boliches y discotecas. Los hay para todos los gustos, edades y preferencias. A tal punto que a eso de las 22 (los fines de semana) se corta la calle entre Alsina y Ameghino para hacerla peatonal. Allí se concentra la mayor cantidad de locales. Desde el folclore, el jazz, el rock & roll y el tango, hasta la salsa y el merengue. Desde la más alta cocina gourmet, hasta los platos más típicos, como empanadas, humitas, tamales, locro o cazuela de cabrito, sin olvidar las parrilladas. O tomar tragos en los pubs, o bares de vino. Los vinos salteños, torrontés o tintos de altura están muy bien conceptuados en el mercado internacional y bien aprovechados en toda esta movida. En donde se encuentra también algún karaoque. Todo concentrado en pocas cuadras, lo que permite hacer zapping de bar en bar o de copa en copa, entre boliches con decoración de vanguardia y los más tradicionales. Y si es de día, aquí funciona también una importante feria de artesanías, donde se pueden encontrar trabajos en cuero, madera, alpaca y tejidos.

Si hay un lugar en donde los poetas parecieran surgir de las piedras... ese lugar es Salta. En cada frase una poesía, en cada mirada una musa, en cada palabra una copla o la letra de alguna zamba. Los versos fluyen con la facilidad de quienes respiran arte. Así es como las coplas se amontonan en las gargantas bien regadas, esperando el momento oportuno para sorprender. Mística y música rodean esta tierra de poetas, con fuertes raíces en la tradición.

     
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