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La
Linda”, como la llaman a Salta, despliega bajo las estrellas
una animada noche repleta de posibilidades para turistas y lugareños.
Luego del trabajo, o de recorrer los diversos circuitos turísticos
que ofrece la provincia, nadie quiere perderse esa magia que envuelve
la noche salteña.
El casco histórico se encuentra delimitado por las calles
San Martín, 25 de Mayo, Necochea y Virrey Toledo y comprende
unas 100 manzanas. Cerca de unos 40 edificios históricos
fueron restaurados e iluminados para embellecer aún más
a la ciudad. Si bien estas construcciones sorprenden de día,
de noche son verdaderamente impactantes, como en el caso de la iglesia
de San Francisco, la catedral, el cabildo o la legislatura.
En los alrededores de la plaza 9 de Julio, los bares y restaurantes
despliegan sus mesitas y sombrillas más allá de la
recova sobre el empedrado, que delimita la calle con luces en el
piso. Allí el tránsito es restringido, para mayor
disfrute de los peatones.
Los restaurantes y bares se extienden por la calle España
y Caseros, en donde también hay un pub irlandés. En
la calle Mitre, frente a la plaza, el restaurante, bar y after office,
Cava de Piedra (una casona con paredes de piedra que data de 1870),
ofrece una variada carta de especialidades de cocina andina, como
carne de llama con quinoa, provoleta de queso de cabra, carpaccio
de llama y trucha con crema de quinoa, entre otras. Combinado con
espectáculos folclóricos, se lo puede escuchar a Julio
César Quipildor (hijo del Zamba) y sus músicos, o
noches de jazz o trova.
A las ya tradicionales peñas de Valderrama (con más
de 50 años de antigüedad) y Gauchos de Güemes,
entre otras, se ha sumado hace más de 10 años, La
Casona del Molino. Algo alejada del centro, remontando la calle
Caseros hacia el oeste, a la altura del 2500, para el lado del Mercado
de Artesanos. Es una vieja casona de gruesas paredes de adobe, que
fuera testigo de las luchas por la independencia y antigua posta
y hospedaje de viajeros, donde fuera construido el molino de cereales
en 1671. Hoy alberga a poetas y guitarreros que se suman en las
trasnochadas veladas. Algo así como un criadero de poetas.
Esta casona con magia (y hasta con fantasmas, según cuentan
los habitués), embruja a los que alguna vez pasaron por allí.
El solar está dividido en varios cuartos, posee un gran patio,
fondo y jardín (a veces está lleno por completo).
Allí no hay escenario. La peña es espontánea.
Algunos llegan con sus guitarras, bombos, quenas, charangos y hasta
violín y bandoneón. Se acomodan en las mesas y van
poblando la noche de música. Entre jugosas empanadas y vinitos
generosos, las guitarreadas acompañan los encuentros. Y “cuando
las horas se ponen largas y los horizontes rebeldes”, surgen
las estrofas parafraseadas en alguna servilleta, improvisación
de partitura. También la música invita al baile y
se corren algunas mesas para dar espacio a la danza. Lo bueno es
que nadie queda afuera, allí no importan las edades ni las
nacionalidades.
Desde hace unos 6 años, en la calle Balcarce se fue nucleando
la movida salteña. Comenzó con La Vieja Estación
y el Café del Tiempo, y muy pronto se pobló de peñas,
bares, pubs, boliches y discotecas. Los hay para todos los gustos,
edades y preferencias. A tal punto que a eso de las 22 (los fines
de semana) se corta la calle entre Alsina y Ameghino para hacerla
peatonal. Allí se concentra la mayor cantidad de locales.
Desde el folclore, el jazz, el rock & roll y el tango, hasta
la salsa y el merengue. Desde la más alta cocina gourmet,
hasta los platos más típicos, como empanadas, humitas,
tamales, locro o cazuela de cabrito, sin olvidar las parrilladas.
O tomar tragos en los pubs, o bares de vino. Los vinos salteños,
torrontés o tintos de altura están muy bien conceptuados
en el mercado internacional y bien aprovechados en toda esta movida.
En donde se encuentra también algún karaoque. Todo
concentrado en pocas cuadras, lo que permite hacer zapping de bar
en bar o de copa en copa, entre boliches con decoración de
vanguardia y los más tradicionales. Y si es de día,
aquí funciona también una importante feria de artesanías,
donde se pueden encontrar trabajos en cuero, madera, alpaca y tejidos.
Si hay un lugar en donde los poetas parecieran surgir de las piedras...
ese lugar es Salta. En cada frase una poesía, en cada mirada
una musa, en cada palabra una copla o la letra de alguna zamba.
Los versos fluyen con la facilidad de quienes respiran arte. Así
es como las coplas se amontonan en las gargantas bien regadas, esperando
el momento oportuno para sorprender. Mística y música
rodean esta tierra de poetas, con fuertes raíces en la tradición. |
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